Augusto Ferrari

Biografia:

Augusto César Ferrari nació el 31 de agosto de 1871 en San Possidonio provincia de Módena, Italia. Por imposición paterna estudió arquitectura en la Universidad de Génova. Terminados sus estudios en 1992, sin ayuda familiar se radicó en Turín donde estudió pintura en la Academia Albertina y Estilos Antiguos y Modernos en el Museo Industrial de esa ciudad. Las dos guerras destruyeron los archivos de estos centros de estudios. En la Universita degli Studi de Génova se localizó una inscripción de Cesare Ferrari en la “Rubrica degli iscritti alla Faculta di Ingegneria”, curso 1889-1990. Del Museo Industrial se conserva una acuarela con una nota de Ferrari que dice: “proyecto hecho en el Museo Industrial de Turín en 1897”. (fig 1) En la Academia Albertina se conserva una carpeta con numerosos documentos (inscripciones, exámenes, premios) fechados entre 1893 y 1899 1.
Trabajó en tres disciplinas, pintura, arquitectura y fotografía, en Italia hasta 1914 y desde 1922 hasta 1926, y en la Argentina desde 1914 hasta 1922 y desde 1926 hasta su fallecimiento en 1970.

 

Bibliografía:

Augusto C. Ferrari fue y es todavía, a pesar de la obra realizada en su larga vida y de la atención que le prestó la prensa, un ignorado en el mundo académico. Salvo contados casos, como el de Estanislao Zeballos quien en 1918 analizó sus pinturas en la iglesia de San Miguel, para los críticos e historiadores de artes plásticas, de arquitectura y de fotografía, Ferrari pasó desapercibido. El único ensayo sobre este artista es el que realizó recientemente una joven italiana, Maria Vittoria Martini, en su tesis de doctorado “Il Panorama como gènere pittòrico: Augusto Cèsare Ferrari (1871-1970) da Torino ai successi argentini”, para la Facoltà di Lèttere e Filosofìa dall’Università degli Studi di Torino, 2001, inédito.

Textos en el libro “Augusto C. Ferrari (1871-1970) cuadros, panoramas, iglesias y fotografías.”

Presencia y vigencia del pasado en la obra de Augusto Ferrari
por Luis Felipe Noé

Este libro en homenaje al arquitecto, pintor y fotógrafo Augusto C. Ferrari (1871 Módena, Italia – 1970, Buenos Aires) acontece en el momento en que se hace necesario revisar una mirada propia de la modernidad que ha impedido apreciar de manera adecuada la multiplicidad larval de procesos culturales que se gestaban en la premodernidad. Es así que se tendió a usar la palabra eclecticismo de manera peyorativa. Es así que experiencias conformadas bajo perspectivas ajenas a la modernidad – verbigracia los panoramas de vocación hiperrealista – son ahora apreciadas como aventuras pioneras y premonitorias, como consecuencia de tendencias que predominaron en la década de los años sesenta: el hiperrealismo y las instalaciones. En tiempos de realidad virtual el concepto de panorama – que había sido prácticamente olvidado – vuelve a interesar.

Ello sucede, además, cuando el eclecticismo arquitectónico es reconsiderado en tiempos de posmodernidad; cuando el diseño abstracto estilístico está a la orden del día; cuando la fotografía ocupa el lugar que antes tenía la pintura en el reinado de la imagen. Es así que la obra de Augusto Ferrari puede verse con una perspectiva nueva, uniendo el siglo XIX con el XXI, a pesar que sobrevoló el XX, justamente aquel en el que trascurrió sesenta años de su vida.

Fotografía
por Luis Priamo

La relación histórica entre fotografía y pintura tiene varias facetas significativas. Una es la revolución que la técnica fotográfica produjo en el seno de las artes plásticas, con su propiedad de reproducir lo real de un modo literal, completo y detallado. En Europa, principalmente en Francia e Inglaterra, y luego en los Estados Unidos, la controversia sobre el valor artístico o meramente técnico de la fotografía, sobre la supremacía de la mirada “ideal” del artista respecto del registro mecánico de la cámara, se produjo inmediatamente a la aparición del nuevo medio y se prolongó hasta principios del siglo XX por lo menos. Otro aspecto de la relación, muy concreto y nada teórico, fue el dramático desplazamiento y casi la extinción de algunos géneros artísticos, como el retrato en miniatura, que produjo la irrupción del daguerrotipo en Francia y del calotipo en Inglaterra; es decir la fotografía como una más de las calamidades de la revolución industrial, con su cortejo de artesanos de diversa índole arrojados a la indigencia por la prepotencia incontenible de la máquina y su producción en serie. Una de las consecuencias de esa depredación fue muy favorable para la fotografía, que recibió el concurso de buenos artistas provenientes de los géneros que había desplazado -como Nadar o Le Gray, por ejemplo-, quienes produjeron el gran movimiento retratístico francés del primer período, para muchos uno de los momentos más extraordinarios de la fotografía decimonónica.

Eclecticismo y Experimentalismo en la Obra Arquitectónica de Augusto Cesar Ferrari
por Fernando Aliata
Facultad de Arquitectura y Urbanismo
Universidad Nacional de La Plata
CONICET

La formación académica que recibe Augusto Cesar Ferrari en Italia a fines del siglo XIX, es tal vez la principal clave que nos permite entender el desarrollo de su compleja experiencia arquitectónica. En general, la enseñanza artística y arquitectónica peninsular en la etapa del Rissorgimento se caracteriza por un deseo de unificación metodológica, pero también por una constante experimentación profundamente influida por las transformaciones académicas surgidas en las vecinas naciones europeas. En este clima de renovación la redefinición de la especificidad de ingenieros y arquitectos, sumada a la necesidad de precisar la creciente división del trabajo intelectual en el campo de la arquitectura, son los tópicos que se distinguen en un complejo sucederse de cambios y contramarchas que distinguen el período que va de 1870 a la Primera Guerra Mundial (1). Se trata también de un momento en el cual la investigación histórica y arqueológica planteada desde basas científicas termina por sustituir las referencias a la naturaleza y la verdad sostenidas por la Ilustración en el campo proyectual.

(1) Sobre este tema en particular puede verse: Ricci, Giuliana (a cura de): “L’ Architettura nelle Accademie Riformate. Insegnamento, dibatitto culturale, interventi pubblici”, Guerini, Milano, 1992. Tambien como referencia el ya clásico: Pevsner, Nicolaus: Le Accademie d’ arte, Einaudi, Torino, 1982

La fuerza del pasado. La obra pictórica de Augusto César Ferrari
por Roberto Amigo
Instituto de Teoría e Historia del Arte “Julio E. Payró”
Fac. Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires

La historia del arte ha armado su relato desde una mirada europea centrada en la sucesión de los cambios estilísticos y, luego, en la sucesión de las vanguardias; para la versión local se han señalado, entonces, las correspondencias: marcar los hitos en el proceso de modernización, doble juego de afirmar los equivalentes europeos y de encontrar la particularidad distintiva del “arte argentino”. Los artistas, en este relato, son grandes hacedores que libran batallas por lo nuevo y sus formas en un ambiente esquivo. Por ello, uno de los tópicos de la historiografía argentina es sostener los combates entablados entre tradición y modernidad.

El panorama como género pictórico:
Augusto César Ferrari (1871-1970) de Turín a los éxitos argentinos”. Tesis de doctorado, Facultad de Letras y Filosofía, Universidad de los Estudios de Turín.
por María Vittoria Martini
Resumen traducido por Marcelo Huernos

I.1 Los orígenes del panorama
En Europa, con el advenimiento de la Revolución Industrial, dos nuevas nociones entraron a formar parte del uso: hora de trabajo y tiempo libre. Con ellas, se difundió además la necesidad de distraerse y recuperarse durante las horas que transcurrían fuera de los lugares de trabajo, y así prepararse para el siguiente turno. Las ferias, las festividades religiosas y todas las formas de recreación preindustriales, habían quedado ligadas a la vida y a los ritmos del campo, mientras que en la ciudad la creciente divergencia entre el tiempo libre y el trabajo hizo que las ferias se especializaran cada vez más en el comercio del esparcimiento y la diversión.

El panorama, es la forma de arte de la Revolución Industrial y fueron las masas que poblaban las nuevas industrias de las ciudades las que hicieron que se transformara velozmente de una forma de arte experimental en un mass mediun.

Textos en la presentación del libro en Buenos Aires el 1º de setiembre del 2003:

Lius Felipe Noé:

Creo que este libro es un libro insólito. Yo tengo una biblioteca en casa con muchos libros de arte y no tengo ningún libro ni parecido a éste. Por esto digo un libro insólito. Es decir, un libro se define por lo que es: si hay nada más que material escrito, es por lo que está escrito. En este caso se define también por las imágenes, que son muchas. Lo escrito se va acercando a explicar las imágenes. Los libros de figuritas fueron los libros que me decidieron a ser pintor. Mi padre tenía una biblioteca muy extensa, creo que pensaba que podía inclinarme a la escritura, pero a mí lo que me gustaba eran las figuritas. Y los libros de figuritas siempre me fascinan. Ahora bien, cuando uno ve un libro de figuritas va explicándose el personaje que hizo las figuritas en el libro. Éste libro, el de Augusto Ferrari, es de una gran riqueza de contradicciones, pero debo aclarar que para mí contradecirse es la única manera de ser coherente porque creo que todos somos polifacéticos. Y que sobre todo, creo que Augusto Ferrari lo era de una manera muy marcada. Pero estas contradicciones lo son sólo en relación a un concepto lógico simplista de lo que es coherencia.

Laura Malosetti Costa:

Este libro ha resultado fascinante para mí, desde varios puntos de vista.
En primer lugar desde el universo de los afectos. Tanto el libro como la exposición de la obra de Augusto Ferrari que tuvo lugar en una sala de este mismo Centro Cultural el año pasado, partieron del amor y el cuidado de los hijos por la memoria de su padre artista. Un hijo también artista – León – ha sido motor fundamental de esta empresa. Y me une a él una relación de profundo afecto y admiración por su trayectoria. Quiero aclarar que decidí deliberadamente invertir el lugar asignado al plano de los sentimientos en estas presentaciones (siempre se deja para el final), porque sin aquellos nada de lo que tenemos entre manos hubiera sido posible: la familia conservó y cuidó la obra y los documentos, llamó la atención de los investigadores sobre ellos y puso en marcha este proyecto.

Noé Jitrik:

El libro muestra, ante todo, a un señor muy elegante, algo anticuado, de sombrero y bastón, cuyos anteojos de aros redondos dejan ver, en las fotografías y autorretratos, dos ojos brillantes, pícaros, los labios afilados e irónica la sonrisa, los pelos alborotados y, en el mentón, una barba puntiaguda, una barbiche que recuerda la del Profesor Landormy, tal como lo había imaginado Arturo Cancela para los años en que los profesores que venían de Europa usaban barbiche, anteojos de aros redondos, sombrero y bastón o la de los elegantes personajes de René Clair que pasean por el Bois de Boulogne en Un sombrero de paja de Italia. Pequeño, uno lo imagina inquieto y perspicaz, de esa gente a la que no se le escapa nada, en contraste corpóreo con su hijo, más bien alto, sin anteojos y nada de pelo en el rostro. Se habrá sorprendido el señor mayor al ver a un hijo así y, más todavía cuando, por paradoja, él que era menudo, pensaba en panorámicas y vastos escenarios, construía catedrales y pintaba cuerpos totales mientras su hijo, por paradoja, alto y erguido, pinta detalles, hace de la realidad probable un entretejido de líneas y de puntos, está movido por la filosofía de lo mínimo, en tanto a su padre lo guiaba el apetito por lo máximo, a la manera, el padre, de los renacentistas, él, uno de los últimos, mientras que el hijo, muy contemporáneo, se devana los lápices y los pinceles por descubrir lo que encierra una letra, lo más pequeño de lo mínimo que significa